Joy Division

“¿Gritas en tu sueño, todos mis defectos se revelan? / Tengo un sabor en la boca mientras la desesperación me hace presa / ¿Es algo tan bueno que ya no puede funcionar? / Entonces el amor, el amor nos desgarrará de nuevo” (‘Love will tear us apart’)

 

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25 años ya, desde que se encontró el cuerpo sin vida de Ian Curtis colgando del extremo de una soga en su casa. 25 años desde que Ian Curtis antes de partir para la primera gira americana de Joy Division visitó por ultima vez la casa de Macclesfield donde vivió con su ex-mujer y su hijo, y tras ver su película favorita, ‘Stroszek’ de Werner Herzog decidió acabar con su vida con tan solo 23 años (15 julio 1956-18 mayo 1980). Sin embargo, todo esto no es lo mas importante, ya que no nos hallamos ante el típico caso de estrella-del-rock-suicida sobre la que se funda un culto-negocio-vendetodo. Joy Division fue mucho mas, incluso mucho mas que tan solo Ian Curtis.

Como bien sintetizó en pocas palabras Santi CarrilloJoy Division fueron grandes por ellos mismos, mientras existían. Y eso debería bastar para alejar a los que hicieron de lo siniestro una marca de fabrica lindando con la afectación más grandilocuente, o sea: la falsedad de una forma sin fondo.” (Joy Division. Ian Curtis. Canciones., Espiral/Fundamentos, Madrid, 1991). Pasen y vean…

“Los seres humanos son peligrosos / y me llaman desde la oscuridad / Todo resulta doblemente frío / Cuando marchas hacia una juerga” (‘At a later day’)

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Joy División nació en el convulsionado Manchester en el que la rabia del punk gritaba su vacío existencial y sus ganas de romper con el conformismo y la podredumbre social y política. El guitarra Bernard Albrecht (posteriormente Bernard Sumner) y el bajista Peter Hook, que se conocían desde pequeños, se unieron para montar una banda con el nombre de The Stiff Kittens, pero les faltaba vocalista y  batería.

Al asistir al concierto de Sex Pistols en Lesser Free Trade Hall el 4 de Junio de1976, conocieron a un tal Ian Curtis que llevaba una camiseta con el lema “HATE” en la espalda, y que sería el que posteriormente respondería a su anuncio de “se busca cantante..”. El batería sería Terry Mason que fue reemplazado por Tony Tabac antes de su primera actuación.

Ian Curtis igual que el resto de la banda, aparte de el punk, que aún estaba brotando, recogía influencias de David Bowie, Lou Reed, Velvet Underground Kraftwerk, Neu!, Can y Faust, y también de Jacques Brel y William Burroghs, con lo cual se entendieron rápidamente.

En su primer directo el 29 de mayo de 1977 en el Electric Circus, junto con The Buzzcocks y Penetration, aparecieron bajo el nombre de Warsaw, nombre tomado de la canción de David Bowie ‘Warzawa’ del LP ‘Low’. El 18 de julio de ese mismo año grabaron su mítica primera maqueta, con un nuevo batería Steve Brotherdale. 5 temas con un contundente sonido punk y de la que solo se realizaron 5 copias, una para cada componente mas otra para Terry Mason que era ahora su manager. Poco después entraría Stephen Morris como batería definitivo de la formación.

“Todos vestidos con elegantes uniformes / Bebían y asesinaban para pasar el tiempo / Llevando la vergüenza de todos sus crímenes” (‘Walked in line’)

En diciembre de 1977 han de cambiar el nombre de Warsaw por problemas legales con una banda de heavy metal de nombre Warsaw Pack que en aquella época lanzaba su primer LP. El nombre elegido será el de Joy Division, sacado de ‘House of Dolls’ de Karol Cetinsky, novela ambientada en los campos de concentración nazis, donde existían batallones de mujeres judías (Joy Division) forzadas a satisfacer las pulsiones sexuales de los oficiales de las SS. Nombre controvertido y polémico en la época, que sin embargo se podía equiparar a uno de los famosos lemas de los Sex Pistols: “We are All Prostitutes”.

Así el 25 de enero a aparecen en directo ya con su nuevo nombre en el Stiff record test/Chiswick challenge enésimo intento de este sello de atraer la atención sobre sus grupos. Allí mismo conocerán a Rob Gretton que acabará siendo su nuevo manager y este les presentará a Tony Wilson  conocido presentador de Granada TV.

En los primeros 4 días de mayo Joy Division, aun bajo el nombre de Warsaw, graban 11 temas para un hipotético disco con la RCA, pero el intento de esta compañía por cambiarles el sonido, introduciéndoles en la mezcla final sintetizadores, llevo a la ruptura del contrato por parte del grupo. No obstante el disco tendría una gran difusión como disco pirata (bootleg) debido a su excelente calidad.

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El 9 de Junio de 1978 tocarán en el concierto de inauguración de The Factory. La discoteca propiedad de Tony Wilson  publicó un cartel del evento diseñado por Peter Saville que será conocido conocido como FAC 1, esto es la primera obra de recién fundado sello Factory Records. Aunque el primer disco que editaron, en diciembre de ese mismo año, fue el EP ‘A Factory Sample’, en el que además de Joy Division figuraban Durutti Column, John Dowie y Cabaret Voltaire.

En Junio de 1978, y gracias a los ingresos de sus cada vez mas exitosos conciertos, graban y autoeditan bajo la divisa Enigma Records su primer disco ‘An Ideal for Living’ con una tirada de 1.000 copias y una polémica y provocativa portada, que se desplegaba como un póster, diseñada por Bernard Albrecht en la que aparecía un miembro de las Juventudes Hitlerianas tocando el tambor.

En octubre ellos mismos sacarían una reedición de 1.200 copias en formato 12″ esta vez bajo el nombre de Anonymous Records con una nueva portada aunque con una calidad de sonido tan mala que les obligó a incluir una disculpa en la nota promocional que acompañó su promoción entre los críticos musicales.

El 27 de diciembre de 1978 tocarían en Londres por primera vez, en el Hope and Anchor, y en febrero de 1979 en el famoso programa de radio ‘Session’ de John Peel, allí grabaron varios temas que se publicarían mucho mas tarde en forma de EP de la serie ‘The Peel Sessions’ y también en el doble LP ‘Still’. Ese mismo año, pero en marzo, llegaron a tocar como teloneros de The Cure en el Marquee de Londres.

“Aquí están los jóvenes, pero ¿dónde han estado? / Llamamos a las puertas de las oscuras cámaras del infierno / Empujados a los límites, nos arrastramos hasta dentro / Miramos desde bastidores mientras las escenas se repetían / nos vimos a nosotros mismos como nunca nos habíamos visto / Retrato de traumas y la degeneración / Los dolores que sufrimos y nunca fueron liberados.” (‘Decades’)

En junio de 1979 aparece su primer álbum, ‘Unknown Pleasures’ ya encuadrados en el sello Factory Records. Con la Martin Hannett de productor y diseño artístico de Peter Saville. Ambos continuarían trabajando con Joy Division y, posteriormente, con New Order.

El disco tuvo un gran éxito, las 10.000 copias de la primera tirada se agotaron rápidamente. Así que, pronto llovieron ofertas de las majors (sellos grandes), pero Joy Division decidió quedarse en Factory para poder tener control sobre su música. En noviembre de 1979 la Warner Bros. americana les ofreció un millón de dólares por la distribución su disco en EE.UU., la banda nunca respondió, ni siquiera cuando en mayo de 1980 les volvieron a hacer otra oferta con unas condiciones mas ventajosas.

Las atmósferas siniestras y gélidas atraparon pronto tanto al público como a los críticos, así como la melancólica voz de barítono de Ian Curtis y sus espasmódicos movimientos en el escenario, fruto tanto de su forma de actuar, como de sus cada vez mas frecuentes ataques de epilepsia, algunos de los cuales hizo que tuvieran que suspender los directos.

El éxito les lleva a actuar sin parar en Manchester pero también en Liverpool, Bradford, Blackpool, Leeds y Londres convirtiéndose en un auténtico fenómeno en la escena postpunk inglesa. De este modo el 31 de agosto de 1979 reunieron su mayor audiencia: 1.200 personas, en el Electric Ballroom de Londres y el 15 de septiembre aparecieron en el programa ‘Something Else’ de la BBC. En diciembre iniciaron un breve tour por Europa que se prolongó hasta enero y en marzo volvieron a los estudios y grabaron el material de su segundo álbum, ‘Closer’ y el single ‘Love will Tear us Apart’.

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“Cuando miras a la vida / descifrando las cicatrices / Un lejano resplandor / Aún sentados en sus coches / las luces parecen brillantes / Cuando sales fuera / Tiempo para el último paseo / Antes del final de todo” (‘Exercice One’)

El dos de mayo de 1980 fue el último concierto de Joy Division en Birmingham y el único donde tocaron ‘Ceremony’, tema que solo aparecería en ‘Still’. Dos semanas después, debían partir hacia Estados Unidos para primer tour por tierras americanas… nunca llegaron, y el single ‘Love will Tear us Apart’ y el álbum ‘Closer’ quedaron como obras huérfanas, y junto con el posterior ‘Still’, publicado al año siguiente, recogerían el testimonio del ultimo legado artístico de una gran banda.

El resto… el resto es la historia de la refundación del grupo como New Order, que al igual que Joy División marcará otra impronta indeleble en la historia de la música. Y el reconocimiento del talento, que siempre va más allá del morbo, ya que este fenece del mismo modo que desaparecen los gusanos de los cadáveres, cuando ya no hay carne que comer.

Tanto ‘Substance’ como ‘Permanent’ son dos magnificas recopilaciones para empezar a paladear el sonido y la poesía de Joy División. Pero, si por el contrario ya los conoces y te gustan con delirio, lo recomendable es ‘Heart and Soul’, caja de 4 CDs que además contiene un libro a todo color, con la biografía, fotos y letras de la obra completa de este incomparable grupo.

© Umlaut & Sonidobscuro

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New Order Starts Joy Division Twitter Account, Doesn’t Tell Peter Hook About It

Thanks to the members of New Order, there’s now a Twitter account for Joy Division. But no one seems to have told Peter Hook, who played bass for both groups but has been fighting with his former bandmates for years. Hook, who was none too pleased when New Order reunited without him, expressed his feelings about the snub on Twitter:

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New Order are working on a new album due for release on Mute in 2015, which would be their first without Hook. (2013’s Lost Sirens was largely composed of existing sessions featuring Hook.) One can only imagine the frigidity of his Tweets when that one drops.

El control perdido de Ian Curtis

Faltaba una película sobre otro de los grandes ídolos caídos de la historia del rock, Ian Curtis, el cantante del grupo británico Joy Division, ahorcado en su casa en 1980. Con un par de años de retraso llega a las pantallas españolas Control, el primer largometraje del holandés Anton Corbijn, basado en el libro de Deborah Curtis, Touching from a distance, que se publica ahora también con este titulo en castellano. Este sorprendente documento en blanco y negro, nos da un melancólico cuadro de su adúltero esposo, angustiado poeta e irresponsable padre. Su figura emerge tambaleante entre la duda, la fragilidad mental y la mediocridad cotidiana de los grises paisaje suburbiales industriales ingleses, a finales de los años setenta.

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El 18 de mayo de 1980 estaba Ian solo en su casa de Macclesfield, cerca de Manchester. Había pasado un tiempo con sus padres, porque su ahora famosa viuda insistía en el divorcio – aunque en su libro le haga declaraciones de amor eterno –. Curtis miraba en la televisión Stroszek (1977), una película del director alemán Werner Herzog. Escuchó el disco más introspectivo del cantante Iggy Pop, The Idiot. Y en algún momento de la noche se ahorcó en la cocina. Tenía veintitrés años.

Sus compañeros de grupo no daban crédito a la noticia. En tan sólo unos días, Joy Division comenzaba una gira por Estados Unidos. Acababan de dar un concierto en la Universidad de Birmingham. Es cierto que Ian ya se había intentado suicidar en otra ocasión, ingiriendo fármacos, pero creyeron que era un mero gesto para la galería…

AISLAMIENTO

Muchos creen que la tendencia de Curtis a la depresión, se agravó por la epilepsia que le habían diagnosticado – para la que tomaba medicación, aunque parece que no suficiente –, y gustaba imitar bailando con espasmos en el escenario. La verdad es que estaba en medio de una seria crisis matrimonial, a raíz de su relación con una belga llamada Annik Honoré. Quería volver con su esposa, Deborah. Se habían casado cuando él tenía 19 años – y ella 18 –, pero acababan de tener una niña llamada Natalie. El productor y creador de Factory, Tony Wilson – que decía que había firmado su contrato con sangre, aunque no hay documento legal alguno –, aseguró después que Annik le había advertido en un tren a Londres dos semanas antes, que estaba aterrorizada porque Ian realmente estaba dispuesto a hacer lo que decía en las canciones de su último disco. Sus letras mostraban una extraña fascinación por la muerte. Eran textos llenos de alienación y aislamiento. Nadie puede escuchar sus palabras, sin sentir una enorme lucha espiritual…

Aislamiento, aislamiento, aislamiento Madre, lo he intentado, por favor, créeme Hago todo lo que puedo Estoy avergonzado de las cosas en las que he estado Estoy avergonzado de la persona que soy Aislamiento, aislamiento, aislamiento

ESCUPIR A DIOS

El grupo Joy Division lleva el irónico nombre de la División del Gozo, que usaban las prostitutas de los campos de concentración nazis. Curtis leyó sobre ellas en una novela de 1955, que se llama La Casa de las Muñecas. Sus textos estaban siempre muy influenciados por la literatura. Una canción como Interzone está inspirada por el escritor beat, drogadicto y homosexual, William Burroughs; Atrocity Exhibition por la fantasía de J. G. Ballard; y Colony por el oscuro mundo de Joseph Conrad, que revelaba el poder del horror en el antiguo Congo belga…

El querido Dios, en su sabiduría, te tomó de la mano Dios, en su sabiduría, te hizo entender En esta colonia, en esta colonia, en esta colonia

Para el crítico de rock Richard Byrne, “la razón para la actual importancia de Joy Division pueda estar en la repetida cita de Neil Morrow, que conecta al grupo con la fuerza dual del punk (escupitajo) y la oscura espiritualidad existencial (el rostro de Dios)”. Puesto que “en el fondo, más allá de las imágenes extremas y la amarga biografía, hay algo más oscuro en la obra de Sylvia Plath (la poetisa inglesa que también se suicidó) y Ian Curtis, la tremenda impotencia del hombre frente a un universo, en que Dios está ausente del sufrimiento humano y la duda demanda adoración”. Para Byrne, “el valor de las palabras de Curtis para catalogar el sufrimiento y confrontar al creador, es el de escupir en el rostro de Dios”…

LÁGRIMAS EN SUS OJOS

Curtis parecía obsesionado por el horror nazi. Su primer grupo, Warsaw (Varsovia), utilizaba ambiguas imágenes, como un arrogante tamborilero de las Juventudes Hitlerianas o un soldado alemán encañonando a un niño judío. El grupo que forman sus compañeros tras su muerte, lleva el significativo nombre de New Order (Nuevo Orden). ¿Era algo neo-nazi?, ¿o todo lo contrario?

He viajado a lo largo y ancho, muchas veces,
¿qué se ve desde allí?
Veo a los santos con sus juguetes
¿Qué se ve desde allí?
Veo todo conocimiento destruido
He viajado a lo ancho y largo de las prisiones de la cruz
¿Qué ves desde allí?
El poder y la gloria del pecado
¿Qué ves desde allí?
La sangre de la cruz en su piel
He viajado a lo ancho y largo de mártires muertos desconocidos
¿Qué ves desde allí?
Veo las lágrimas que lloraron
Tienen lágrimas en sus ojos
Lágrimas en sus ojos
Lágrimas en sus ojos

Esta canción Wilderness de su disco Placeres desconocidos de 1979, trata de la difícil cuestión de cómo pudo permitir Dios el Holocausto. Los santos con sus juguetes son los nazis con sus armas; los prisioneros de la cruz son aquellos que fueron encerrados en los campos; Cristo en su piel se refiere al número tatuado en la carne de las víctimas del Holocausto. Curtis se pregunta cómo pudo ocurrir semejante horror.

¿EL AMOR NOS DESGARRARÁ?

El título de la interesante película de Corbijn se inspira en el nombre de una de sus canciones más conocidas She Lost Control (Perdió el control). Más allá de su compleja personalidad y carácter desequilibrado, su figura evoca la fragilidad de una vida insegura e inestable. Todos buscamos amor, pero como constata el más conocido de sus éxitos, parece que el amor nos desgarrará (Love Will Tear Us Apart). Esta tremenda frase se pega como una lapa a nuestra cabeza, cada vez que evocamos su profunda voz, repitiendo una y otra vez que el amor nos desgarrará de nuevo.

Esta línea aparece en la lápida de su tumba, que robó uno de sus admiradores. Una amarga sentencia que nos habla de una vida desesperada. No hay duda que hay muchas cosas en esta vida que no podemos entender. El horror evocado por las canciones de Curtis, provoca el gemido de una “creación sujetada a vanidad”, como dice Romanos 8:20, “no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó”. Esta corrupción hace que “toda la creación gima a una” (v. 22).

El misterio sin embargo que el apóstol Pablo nos revela en esta carta, es que sus gemidos son como “dolores de parto”, ya que “la creación espera la redención” (Ro. 8:22-23). Esa esperanza está en el centro mismo de la fe en un Dios que “enjugará toda lágrima de los ojos” (Apocalipsis 21:4), cuando “no habrá más llanto, ni dolor”. Porque “El que está sentado en el trono dice: He aquí Yo hago nuevas todas las cosas” (v. 5).

Él nos invita a creer sus palabras, que son fieles y verdaderas. ¡Su amor no nos desgarrará! Podemos “estar seguros de que ni la muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo por venir” (Ro. 8:38), “nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús” (v. 39). Ese amor no nos romperá, si no que nos redimirá. ¿Crees esto?

© José de Segovia

Cuando Ian conoció a Annik

Una mujer llamada Annik Honoré murió el jueves en Bélgica, a los 56 años. ¿Annik Honoré? ¿En Bélgica? Su nombre no es famoso pero tampoco es ningún secreto en la historia: Annik Honoré fue la otra en la vida de Ian Curtis, la chica belga con la que el cantante de Joy Division tuvo una relación adúltera su último año de vida. Honoré y Curtis se conocieron el 16 de octubre de 1979; el 18 de mayo de 1980, el cantante se suicidó.

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Hay dos relatos diferentes de la relación entre Curtis y Honoré. La versión más sencilla de entender es la que escribió Debbie, la mujer de Ian, en ‘Touching from a distance’ (1995). Ian Curtis aparecía en aquel libro como un crío inmaduro, egoísta, ensimismado y, al mismo tiempo, frágil y voluble. Un chico que no era especialmente culto ni sensible ni generoso aunque, sí, claro que sí que tenía algo especial. Le divertían las malformaciones físicas de los demás, votaba a Thatcher, le costaba expresar sus emociones… Cuando se cruzó con Annik no fue capaz de ver las cosas con distancia ni de tomar sus decisiones con coherencia. ¿Y Annik? Annik era la mala, claro.

Esa historia oficial llevó a ‘Control’, la película de Anton Corbijn. Debbie aparecía como productora y fuente de información del filme… que, sorpresa, de alguna manera disculpaba a Annik. El matrimonio de Debbie e Ian no estaba apastelado en ‘Control’: eran dos críos, no se llevaban bien, no tenían las ideas claras, él estaba obsesionado con la música y se olvidaba de su hija… En cambio, Annik parecía una chica encantadora en la piel de Alexandra Maria Lara: una veinteañera soñadora y, en todo caso, inconsciente más que frívola.

Amor platónico

Honoré, hasta ese momento, había estado desparecida. Pero en 2010, dio una entrevista en una publicación belga, Le Vif/L’Express, y explicó su historia. Lo primero que decía allí Annik es que soñaba con que Natalie, la hija de Debbie e Ian, llamara un día a su puerta. ¿Qué habría escuchado? Lo primero: que su amor fue platónico. Ian, explicaba Annik para avalar su versión, estaba bajo tratamiento psiquiátrico; los medicamentos inhibían su apetito.

Lo segundo, lo que se dice siempre en estos casos: que el matrimonio de los Curtis ya estaba roto: “La gente dirá lo que quiera pero sólo yo tengo las cartas de Ian. En una de ellas me dice que su relación con Deborah estaba terminada cuando me conoció“.

Y, más allá, la parte bonita: Annik era una muchacha de clase media, belga francófona, aficionada al rock: Patti Smith, Bowie, los Stones… Como se aburría en Bruselas, se fue a Londres, se empleó de secretaria en la Embajada de su país y se las apañó para mandar textos a ‘En attendant’, una revista de Bruselas. Y así cayó, en agosto de 1979, en un concierto de Joy Division.

“Fui con mi amiga Isabelle a la puerta del camerino y preguntamos si podíamos hacer una entrevista. Nos atendió Rob Gretton,el mánager, y nos dijo ‘Vale, la próxima’. Y eso hicimos. Preparé preguntas del tipo ‘¿Cuál es tu color favorito?, cosas así…’. Ellos cobraron cinco libras cada uno por el concierto, no les daba para hotel, así que dormían en casas de amigos”. O sea, que Ian hacía como que era una estrella y Annik hacía como que era la corresponsal de una revista en francés. “Todos fueron muy amables, estaban impresionados con que una revista extranjera quisiera entrevistarlos. Escuchamos Low de David Bowie y seguimos charlando hasta que se quedaron dormidos todos menos Ian y yo. La escena de la película de Corbijn lo retrata muy bien”.

Su retrato de Ian Curtis es más amable: más frágil, más inexplicable. “El hecho de que Ian fuera epiléptico desde la adolescencia lo hacía especialmente vulnerable. Cuando tenía un ataque… Llegué a verlo casi flotar en el aire. Pero también había algo mágico, un punto de contacto entre lo real y lo irreal”.

© Luis Alemany

Ian Curtis según su viuda

El cantante de Joy Division quebró con su suicidio en 1980 la breve pero influyente trayectoria de la banda británica. Una antología del grupo y un libro escrito por su mujer renuevan su aureola. Ella, Deborah Curtis, nos desentraña al personaje.

 

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Sería difícil encontrar un lugar más oscuro en la música que Joy Division. Su nombre, sus letras y su cantante fueron una nube negra tan grande como cualquiera del cielo”. Bono, el vocalista e ideólogo de U2, definía así la banda de Manchester (1976-1980) al reconocerla como influencia clave. Parecido efecto tuvo en The Cure y otros contemporáneos, en cualquier hornada posterior de músicos desolados y, cómo no, en los actuales revivalistas (Interpol, Editors…) del post-punk de finales de los setenta.

El influjo de sus dos discos, Unknown pleasures y Closer, “áspera y turbadora mezcla de elementos viscerales y etéreos” (según The New York Times), sólo compite con la dimensión de icono y mito de su letrista y cantante suicida, Ian Curtis. La leyenda vuelve a agitarse en estos días gracias a un disco recopilatorio, The best of Joy Division (Warner), y la publicación en castellano de Touching from a distance: la vida de Ian Curtis y Joy Division (Metropolitan Ediciones), texto inspirador del filme de Anton Corbijn Control (2007), que ya pudo verse en el pasado festival de cine de San Sebastián.

Y nadie mejor que la autora del libro, Deborah Curtis (Liverpool, 1956), viuda de Ian, para desentrañar el misterio de su marido, el hombre que, con su grupo acariciando la fama, se quitó la vida a los 23 años. “Publiqué Touching from a distance en 1995 y me ayudó a cerrar heridas, pero sólo recientemente he empezado a comprender. Y en eso la edad y la experiencia han sido fundamentales”, confiesa Deborah desde su domicilio británico. Pese a su timidez, disecciona las paradojas de Ian Curtis: el músico, por ejemplo, siempre mostró curiosidad por vidas poco convencionales, mientras que en la suya contraía matrimonio aún adolescente y cultivaba la fe en el Partido Conservador. “Quién sabe si sus ideas habrían luego cambiado, aunque sinceramente pensaba que, tras la terrible recesión vivida durante los años de gobierno laborista, los políticos conservadores contribuirían a un mejor futuro. Y en lo personal Ian lo quería todo, como la mayoría de los hombres: le atraía lo extraordinario y a la vez buscaba la seguridad de un hogar feliz”.

La relación de la pareja no resultó fácil. Ian aparece en el libro como celoso y posesivo, además de inmerso en un romance con una joven belga: “Ahora pienso que los celos provenían de su inseguridad y su carácter vulnerable. Antes de que todo se fuera al garete, yo sentía que éramos un equipo invencible. Luego su enfermedad y nuestra incapacidad para lidiar con ella se interpusieron entre nosotros”.

Al margen del debate sentimental de Ian (le había pedido a Deborah desistir de su demanda de divorcio la misma noche del suicidio), fueron la epilepsia y la depresión las que impulsaron el desenlace. “Creo que la depresión no se le trató como podía haberse hecho ahora. Y en la epilepsia se dio una coincidencia macabra: antes de padecer síntomas y por su trabajo en los Servicios Sociales, Ian ya era un experto en la enfermedad. Debió de sentirse aterrado al descubrir después que aquello también le pasaba a él”. No fue la única premonición: su convulsa forma de bailar en el escenario, similar a los ataques epilépticos, se remontaba a años atrás. “Siempre quiso un estilo diferenciado, pero también creo que desprendía violencia, reflejo de cómo se sentía”.

En directo con Joy Division, Ian padeció varios ataques (el público a menudo creía que formaban parte del show), y el ritmo de actuaciones, consentido por él, no favorecía su salud. Justo en vísperas de la primera gira estadounidense, decidió ahorcarse con la cuerda de la ropa. Nada extraño, teniendo en cuenta la sobredosis que meses antes había sufrido con un medicamento (de chaval había protagonizado otra, fruto de sus experimentos con las drogas) y lo que parecía desprenderse de las canciones de Closer, el álbum póstumo. Eso sin contar su etapa adolescente, en la que idealizaba morir joven. “Me cuesta mucho creer que al final mantuviera esas ideas románticas: estaba sufriendo de verdad”, rebate Deborah.

Ian parecía obsesionado con el dolor durante la composición de Closer. Entre sus lecturas figuraba la morbosa Crash, de J. G. Ballard. Y los otros miembros de Joy Division admiten no haber captado las señales de alarma. Deborah al menos goza de coartada: nunca pudo escuchar las cintas. De hecho, después del primer álbum fue apartada de las actividades del grupo. “Cierto ayudante me llegó a soltar: ‘¡cómo vamos a tener a la mujer embarazada de seis meses de una estrella del rock delante del escenario!’. Y ahora, cuando veo a músicos presumiendo de hijos me entristece que Ian no esté aquí para hacerlo”.

La única hija de la pareja, Natalie, es fotógrafa. “Empezó a disparar con sólo cuatro años. En uno de sus primeros recuerdos se ve sentada en el suelo de casa mirando unas instantáneas que Kevin Cummins le había hecho a Joy Division”. Cummins y el holandés Anton Corbijn son los responsables de las imágenes en blanco y negro que fijaron el estatus del grupo, y especialmente de Ian Curtis, como iconos. Y Corbijn se ha pasado al cine para dirigir Control, coproducida por la propia Deborah: “Ian estaría contento si la viera”.

El cantante vivió fanáticamente todo lo visual (en otro guiño tétrico, se había volcado con la portada funeraria de Closer). Sus relaciones con sus compañeros, Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris, posteriores triunfadores como New Order, fueron buenas: “Como una familia. Ian además les tenía musicalmente un tremendo respeto”.

© Ramón Fernández Escobar